Revista N11
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Entonces ¿Mala suerte, buena fortuna o destino? La ira de Juno puede amenazar, por momentos, la fundación de Roma y poblar de obstáculos la travesía de Eneas (tempestades, naufragios, enfrentamientos, luchas, hostilidad, etc.), la buena fortuna viene de la mano de Venus quien por medio de apariciones y favores divinos hace menos tortuoso el viaje en busca de la tierra propicia para asentar al pueblo troyano. Lo cierto es que el destino de Eneas está escrito y no cambiará, debe fundar Roma y no hay suerte o desgracia que pueda evitar ese fátum y el fátum es aquello que está dicho y no puede modificarse de manera alguna. Las parcas son la personificación de dicho destino, el fátum es una fuerza superior a los dioses, ellos mismos se ven sujetos a él. Por eso Eneas logra su empresa, el fátum es su amuleto, no hay suerte o infortunio que pueda desviarlo de aquello que lo signó al momento de nacer. No hay alternativa posible, los senderos, en este caso, no se bifurcan.

La palabra fátum deviene en hado, el hado es una fuerza desconocida que produce un encadenamiento fatal de sucesos, sí, fatal porque fátum en su plural fata se convierte en la palabra fatal. Al mismo tiempo, de la misma familia de palabras que fátum proviene el término fas, es decir, ley divina... aquí no hay amuleto que valga. En el ámbito del derecho el término fatal se vincula lo improrrogable... habrá que cuestionarse los alcances de la suerte, sus caminos fortuitos, sus designios irrevocables y definitivos.

Ts'ui Pên diseña un entramado infinito de destinos, nosotros somos artífices de cada sendero que se bifurca, nuestro es el destino fatal, nuestra la inumerable gloria, el temido fracaso, la espera constante de la suerte y la muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1. BORGES, J.L., Ficciones. Orfeo, loco de amor por Eurídice, bajó al Hades para rescatarla de la muerte; su debilidad o la mala suerte hacen que no pueda desviar la mirada de la amada, así, la pierde para siempre.