Revista N11
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La Suerte, una Cuestión de Fe

Minuto cero, el árbitro da el primer silbato y yo, ya sea en la tribuna, frente al televisor o ante la radio, doy mi primera pitada. Es así, se trata de algo que debo repetir en el minuto 0 y en el minuto 22 de cada tiempo. De no hacerlo, el resultado del partido no ha de ser favorable.

Es cierto, se me dirá que la campaña de Rosario Central este año no ha sido de las mejores, pero pónganse a pensar por un momento donde estaríamos si yo no hubiese aportado lo mío.

A los 38 años tengo la impresión de que ya no me han de descubrir en un potrero –y mis últimas actuaciones en el campo de juego dan fe de mis sospechas- que ningún cazador de talentos me verá y me ofrecerá jugar en la primera de mi glorioso equipo. Entonces, el refugio de la cábala reiterada, me une, me hace parte de la suerte del club.

Cada pitada que doy ayuda a que la pelota entre, o en su defecto a que el resultado final no sea tan adverso. Lo peor del caso es que me considero un tipo racional, sin embargo hay algo que me puede, cierta fuerza que me impulsa a actuar de esta manera... a pesar de que me siento -debo confesarlo- un poco ridículo.

Una amiga se estroló con el auto que quedó hecho una maraña de hierro irreconocible. Luego de estar varios días internada, con una operación de por medio, y en proceso de recuperación, mientras me comenta el accidente me dice «gracias a San xxxx, me salve», y yo no puedo dejar de morderme los labios para no preguntarle por que el dichoso y protector «San xxxxx» directamente no la ayudó con el freno y le evitó el choque.

¿Bastan de por sí solos la encendida del pucho o la estampita de «san xxxx» para ganar un partido o para evitar el choque? Indudablemente no, los resultados están a la vista.

Como decíamos estos pequeños hechos nos acercan a otros. A ser por momentos seres que tengan un poco más de poder que el resto, que al menos por un instante puedan influir en los designios del cosmos y ser parte de un plan divino.

Porque es indudable que a la suerte, queridos míos, hay que ayudarla.

¿Cómo podemos sentarnos en una cálida tarde de verano, dejando el tiempo pasar y soñar con ganarnos ese fangote de billetes a partir de la conjugación de unos numeros salvadores, si nos da fiaca ir a comprar el billete de lotería?

Y no es que no tengamos esta posibilidad al alcance de la mano. En la página oficial de la Lotería Nacional se dan, sólo para lo que es Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mas de 1270 direcciones de Agencias Oficiales, mientras que en lo que se refiere a la provincia de Buenos Aires, la cifra oficial es de unas 3070 agencias habilitadas.

Lo que ocurre, quizás, es que si operamos en pos del sueño, corremos el serio riesgo de enfrentarnos al desengaño. A que ese billete no sea el premiado, ni hoy, ni la semana próxima, ni el otro mes, quizás nunca. Y entonces ahí sí que se pone fea la cosa, porque deberemos entender que sólo nos queda el soñar.

ca. Y entonces ahí sí que se pone fea la cosa, porque deberemos entender que sólo nos queda el soñar.