
¿Qué ves cuando lo ves? Es precisamente lo que los curiosos del arte nos preguntamos al estar frente a una pintura, dibujo, grabado, escultura o cualquier expresión de las artes visuales. Es lo que me pregunto cada vez que tengo que redactar este artículo siendo los sentidos los principales cooperadores de esta gran hazaña.
En este número haremos un acercamiento a la obra pictórica de Tarsila Do Amaral, originaria de Brasil.
Para los lectores que siguen este capítulo, primero va mi agradecimiento y segundo notarán que la elección aquí presentada remite al continente americano como en las oportunidades anteriores donde se expusieron artistas de Mexico, Argentina y Uruguay. Esta discriminación no es por una cuestión arbitraria, ni meramente subjetiva, a pesar de que el gusto personal influye, sino que parte de la propuesta de pensar a las vanguardias latinoamericanas y su problemática. En una oportunidad dijimos que la obra se encuentra ligada al contexto histórico, político, social por lo que cada una nos cuenta algo, con sus diferentes colores, formas, símbolos.
Hablar de pluralidad da cuenta del aporte plástico que cada artista realiza con su obra.
Nacida en Capivari, en el Estado de São Paulo, en 1886, la pintora y dibujante Tarsila do Amaral se inicia en las artes en 1902, periodo en el que frecuenta el colegio Sacré Couer de Barcelona. En la escuela copia imágenes religiosas. En 1904 regresa a Brasil. Poco tiempo después se casa con André Teixeira Pinto, con quien tiene su única hija, Dulce. El casamiento no dura mucho tiempo. Contra la voluntad de su familia, Tarsila se separa. En 1913 se traslada a São Paulo. Aprende piano, copia pinturas y acompaña algunas discusiones literarias, sin saber bien a qué se dedicaría. Su contacto con las artes se estrecha a partir de 1916, cuando pasa a trabajar en el taller del escultor William Zadig (1884-1952), con quien aprende a modelar. En ese mismo año recibe clases del escultor Mantovani. Su aprendizaje sigue en el curso de dibujo con Pedro Alexandrino (1856-1942). Allí conoce a Anita Malfatti (1889-1964), quien ya era modernista, abrigada en el grupo del profesor académico. Posteriormente, ella y algunos colegas del curso de Pedro Alexandrino reciben clases de pintura de Georg Elpons (1865-1939), que les presenta técnicas diferentes de las académicas, como la aplicación de colores puros, salidos directamente del tubo.
Estimulada por el maestro Souza Lima, parte hacia París en 1920. Quiere tomar contacto con la producción europea y perfeccionarse. Ingresa primero en la Academie Julian, después recibe clases de Emile Renard (1850-1930). En ese periodo toma contacto con el arte moderno. Ve lo que Anita Malfatti ya le había contado. Conoce trabajos de Pablo Picasso (1881-1973), Maurice Denis (1870-1943) y la producción de los dadaístas y futuristas. El interés coincide con el fortalecimiento del modernismo en São Paulo. Desde lejos, Tarcila recibe, curiosa, la noticia de los progresos del grupo, en su correspondencia con Anita.