Revista N11

En esa época sus cuadros adquieren un modelado geométrico. Los colores pierden la homogeneidad y se hacen más porosos y mezclados. En 1938 recupera su propiedad rural, regresa a São Paulo y su producción vuelve a la regularidad. Vuelve a acercarse a cuestiones que animaron el periodo heroico del modernismo brasileño. A partir de la segunda mitad de los años de 1940, las inquietudes del periodo palo brasil y de la antropofagia son reformuladas, los temas rurales vuelven de manera sencilla. En algunos lienzos, como Praia [Playa] (1947) y Primavera (1946), las figuras agigantadas evocan el periodo antropofágico, pero ahora aparecen bajo una forma más tradicional, con pasos tonales de color y modelado más clásico.

Abaporu, 1928

El 11 de enero de 1928, con motivo del cumpleaños de Oswald, Tarsila le regala el lienzo Abaporu. Oswald y el también escritor Raul Bopp deciden crear un movimiento en torno a Abaporu y lanzan la Revista de Antropofagia, que se inicia en mayo con la publicación del Manifiesto Antropófago, redactado por Oswald de Andrade. Aunque se considere Abaporu la obra inaugural del movimiento antropofágico y, por lo tanto, un hito en las artes plásticas y en la literatura del Modernismo brasileño, A Negra, pintada en 1923, año de ensayos modernistas, se concibe ya como una imagen esencialmente alegórica, que busca representar una «entidad» nacional, como diría Mário de Andrade. La antropofagia, como proceso de absorción, asimilación y replanteamiento de la cultura europea –transformada con temas y colores locales-, se da no solamente en la serie de cuadros que vienen a continuación de Abaporu, sino también en toda su producción desde mediados de 1922. La búsqueda de un lenguaje moderno –reelaborado a partir de las vanguardias europeas-, combinada con los temas brasileños, ya está presente en la producción «pau Brasil», en la cual las enseñanzas constructivas se funden con la afectividad local.

No obstante, la búsqueda de asuntos brasileños, iniciada en 1923, cobra otro sesgo a partir de Abaporu, cuando Tarsila se sumerge en las visiones de su inconsciente, motivadas por los sueños, así como en el imaginario procedente de las historias de hechizos, leyendas y supersticiones escuchadas a lo largo de su infancia. Surgen entonces cuadros y dibujos de paisajes habitados por seres fantásticos y vegetación exuberante, con señalada tendencia surrealista, conocidos como «paisajes antropófagos». Entre dichos cuadros se hallan A Lua, Distância, O Lago, O Sapo, O sono, O Touro y Urutu.