Revista N11

En escuelas posteriores como la Leibniz –Wolff, Bilfinger (filósofo 1693-1750) se extrae un principio de posibilidad sobre todos los demás principios. Los posibles principios en definitiva – compartiendo de alguna manera la idea agustiniana- se hallan en Dios y dependen de Él.

Pero Dios no puede pensarlos de otro modo que el que corresponde a su naturaleza. Y esta sería la luz que procede de Dios o iluminación agustiniana.

Con este previo panorama podemos acercar alguna nota sobre lo que consideró San Agustín pecado.

No hacen falta muchos indicios para entender que tomó al pecado como un quebrantamiento de la ley divina, como transgresión, como caída o tragedia.

Pecado puede entenderse como un sustantivo o como adjetivo, desde el punto de vista lingüístico. Pero desde el punto de vista filosófico –religioso, hacer algo mal, ¿es hacer algo imperfecto? Si fuera sustantivo, en el sentido de sustancia, de algo medible, pesable, existente como ser ¿tendría la impronta de la negación del bien, de lo bueno? ¿Cómo concilia San Agustín esto si todo proviene de Dios?. S. Agustín no lo toma como sustancia, sino como una privación o movimiento al no ser. Es el apartamiento de Dios que es el apartamiento del ser y de la realidad.

Como el hombre goza de libre albedrío, dado por Dios, la voluntad humana puede elegir el mal, esto es, simplemente pecar. Y para salvarse necesita la gracia. A partir de estos elementos y otros

Neoplatonismo

Continuación de la escuela platónica en donde se funden la idea platónica del Bien con lo Uno. Lo Uno sería la suprema perfección, retomada la idea por ilustres filósofos como Plotino, Plutarco, San Agustín, Escoto Erigena, hasta el S. XIII. Luego ingresó en la escuela de Cambridge llegando hasta Schelling con la filosofía moderna.

Liberio Arbitrio

Posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien mediante auxilio de la gracia, y el mal por la carencia de esta.

como la condenación y la salvación, el santo desarrolla una teología de la historia, una teodicea.

San Buenaventura, más de diez siglos después, siguiendo casi seguramente el pensamiento agustiniano, dice que el mal (el pecado) está en el hecho de que se hiciera algo a causa de sí, y no a causa de Dios (aliquid faveret propter se, non propter Deum) lo que marca la diferencia entre la patrística griega donde se enumeran aspectos propiamente metafísicos y el mal, concebido como mácula en la creación (esto sería una privación metafísica), o la latina donde el mal se lo mira bajo un aspecto religioso-moral, es decir una manifestación del pecado o una privación de un cierto bien.

En definitiva, San Agustín halló que el pecado no es una sustancia y en sus Confesiones, menciona a la maldad como «perversidad de voluntad torcida» (Confesiones VII, 2), y esta perversidad hace que el mundo desde sus orígenes y desde su «pecado original» sea una continua transgresión a los valores contra Dios y el hombre. Más allá de los siete pecados capitales, que ya han sido aumentados por la Iglesia, debemos preguntarnos por el mayor de los pecados que subyace en el interior de cada uno y que según las tablas entregadas a Moisés tienen a Dios y al hombre en la cúspide de la importancia divina. Alzarse contra ellos, es cometer el mayor de los pecados.

De larguísimas discusiones entre escuelas filosóficas y teologales, este brevísimo comentario quisiera ser apenas una entrada a la obra de San Agustín, Obispo.

Epicureísmo

Escuela, del Siglo III a.C, que no obstante su defensa del conocimiento a base de las percepciones inmediatas de la realidad material, contaba en sus doctrinas con buena parte de racionalismo y como eje de su actividad, la ética, dedicándose con más intensidad a subrayar el papel de los factores empíricos y a reglas empíricas, e imponían su pensamiento sobre lo religioso, la medicina, la retórica, etc.