Revista N11

Pero no seamos injustos, ni caigámosle con tanta dureza ya sea al músico o al espectador. Ninguno de ellos surge por generación espontánea. Son el resultado de una sociedad que no es otra cosa que una sociedad sin vergüenza –que cada vez se ruboriza menos ante las injusticias que genera-, es una sociedad que ha perdido su capacidad de indignarse.

Más que sociedad, o comunidad, es un conjunto de individuos que sólo reaccionan espasmódicamente, cuando sienten que le pisan un cayo, su propio cayo. No más.

Entonces, el pecado deja de serlo, se esfuma. Porque a nadie importa, o mejor dicho a nadie más que a la víctima. El pecado, el mal cometido no escandaliza de manera real, sino que queda bien en determinada circunstancias mostrarse consternado por lo que se presencia, es lo que se llama ser políticamente correcto. Pero no escandaliza.

Y se tenían que ir
pero la costumbre es tan fuerte nena
que aún están ahí
hasta que explote
espera y verás

Si realmente lo hiciera, el músico pondría algo de dinero –o más- y el espectador algo más que un alimento no perecedero. La acción en pos del «desamparado…» iría, o tendería a ir hacia abordar de manera concreta las condiciones que posibilitan la existencia o aparición del «desamparado…».

Las acciones que ambos actores realizan, se asemejan a la del que se confiesa ante el cura. Con el simple hecho de contarle a un tercero el mal realizado, uno ya está más cerca del cielo.

El acostumbramiento

Nos vamos acostumbrando/resignando, a la pérdida de la empatía, esa humana cualidad de sentir lo que al otro le pasa, como si le pasara a uno. Mal pero acostumbrado diría don Inodoro Pereyra.

Nunca me acostumbraré
A esa señora buscando basura en la puerta de mi casa
Nunca me acostumbraré
a tu carita de hambre pidiéndome algo para comer
Nunca me acostumbraré
a tu barrio de lujo enfrente de la villa
Nunca me acostumbraré
a ver tu banco vacío en la escuela
te fuiste a trabajar…

En medio de la sociedad Frustrada en su consecución de los grandes ideales que la impulsaran hace unos años atrás, vamos tirando como podemos. Esto no quiere decir que seamos cultores, como algunos que se la pasan hablando de los valores perdidos, de la nostalgia de un pasado que se presenta como paraíso perdido, pero que en realidad nunca existió.
Lo que sí extrañamos es la idea de la necesidad de luchar para conseguirlo.

* Arbolito - La Costumbre