Revista N11

La serpiente, seducción hecha divinidad en inteligencia práctica, que no siempre es sabiduría pero que conoce bien la materia, supo interpelar en esa autonomía de verificar tanto la libertad real como el límite entre lo humano y lo divino para que, por medio de la mujer -otra manifestación de la divinidad- se probara cruzar el límite que nos hizo nacer.

Podemos asumir que este pecado es original, pero en una nueva connotación: es originalmente humano optar y transitar este límite, donde hay un D`s que habla y dice, pero donde sólo el hombre aprende por lo que hace. Original es el pecado que nos constituye pero también instituye que seamos lo que hacemos y que asumamos en lo que hacemos lo que somos.

¿Cómo podríamos ser humanos sin el pecado de probar alguno de estos dos árboles y no de ningún otro? Mientras la abundancia del edén alimentara para siempre, sin esfuerzo ni trabajo, las necesidades de subsistencia del cuerpo, el de vida eterna y del cocimiento son los que alimentan el alma.

Sin este pecado hubiéramos sido obedientes pero ignorantes de nuestra propia humanidad que sólo es tal a partir de la libertad. Un D`s que creo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza confio en una elección que es pecado por el error de no cumplir con Su limite, pero que es origen de una libertad que implica responsabilidad.

Nacer en la conciencia de nuestros actos, y salir del edén como paraíso provisto por D`s, para vivir en la tierra eligiendo nuestro destino humano- ya no divino- y si haremos de esta tierra un paraíso o un infierno.

Es posible al recapitular el dramatismo bíblico, preguntarnos por qué si ya en nuestras constitución terrenal somos tanto hijos de D`s como del pecado, ya no por nacimiento en el mamífero sofisticado, sino en el ser social y cultural que tiene libertad de elección, no se nos dio por vulnerar el limite y comer del árbol de la vida eterna en lugar de haberlo hecho del árbol del conocimiento del bien y del mal?.

Tengo mis dudas, si no existió quizás otro Adán y otra Eva que antes o después no lo hubieran concretado.

Si esto fue así, no se desvirtúa el relato bíblico, ya que nunca lo podríamos saber. Se trata de dos seres humanos, que comiendo de ese árbol serían eternos, pero nunca conocedores del bien y del mal, es decir sin conocimiento, que decir discernimiento. No serian seres concientes como humanos, sino sólo obedientes, en esa eternidad adquirida por el fruto de las leyes de aquello que nunca muere pero que no sabe que existe.

Hacer-nos humanos es ser seres concientes y en esta conciencia distinguir el bien y el mal es conocimiento.

Conocimiento ya no del mundo exterior -materia que asume la ciencia- sino de ese mundo interior de la libertad de nuestro propio ser en pensar sentir y hacer, que sólo puede reconocerse en el error (pecado) de comer del árbol del conocimiento de un bien y de un mal, que ya no es objetivo como ciencia, sino cultural en la interpretación social que incorporamos en la conciencia.

Crecer en Libertad y Responsabilidad

Luego del error que tiene toda elección que no resulta camino para el bien sino para el mal, tenemos el imperativo ético de no sólo ser libres, sino responsables por lo actuado. Todo pecado puede ser redimido, y ello es posible una vez más no por un gesto divino sino humano, que es donde tiene origen y destino. El camino de responder responsablemente al pecado en la praxis judía, es justamente Teshuva, que etimológicamente es retorno o respuesta. Retornar el lugar de la acción para asumirla, y retornar para responder ante quien corresponda por lo actuado. Dada la naturaleza (cultura) humana de que si elegimos nos equivocamos, se nos propone (ya no se impone) una opción que es crecer en libertad al mismo tiempo que en responsabilidad. Asumidos en el error me debo una reparación. Si el error (pecado) daña a un tercero es frente a él antes que frente al mismo D`s donde debo retornar, responder y reparar la elección que fue mi opción y donde mi libertad vulnero lo sagrado de respetar la del prójimo aún cuando no sea próximo.

El pecado es error, pero como tal oportunidad de reparar humanidad. Re-parar, es parar-se en ese mismo lugar que no puede ser en el tiempo-espacio del lo sucedido, en acontecimiento que ya aconteció, pero si en tiempo presente donde haciéndome presente en el error, redimo el pecado en la virtud de dar un nuevo valor al presente en el que me ofrendo arrepentido para sin olvidar perdonar, perdonarme, perdonarnos que siendo humanos, nos vamos haciendo tanto en el acierto como en el error.

Del pecado retornamos a la reparación de una libertad que nos dieron y que devolvemos en la ciencia de la evidencia de lo actuado y en la conciencia que podemos ser perdonados por amor.