Revista N11

Pero tampoco es neutra esa dependencia dado que, en tanto actos complejos, cultural y políticamente construidos, lo que conocemos y vemos en él depende, justamente, de nuestra pertenencia y participación de uno u otro régimen escópico, condicionando el modo de ver y de mirar.

Así, con la posibilidad de múltiples verdades, más bien de múltiples apariencias, aparecen las miradas y posturas diferentes y, con ellas, distintas interpretaciones que entran en competencia entre sí porque se producen desde un determinado lugar de interés, el cual constituye la propia realidad.

Y sigue retumbando en mi mente aquella primera enseñanza: mírense, reconózcanse, tolérense y traten de construir juntas.

Es decir: hagan visible lo invisible.

Una in-visibilidad o una visibilidad que, en cualquier sociedad, se encuentran condicionados por la historia, las instituciones que la modelan y modulan y las lógicas de poder político que inciden en el poder cognitivo, en tanto sujetos sociales.

Que en suma nos define como comunidad porque es lo que construimos como conjunto social y político.

Una in-visibilidad que cambia de lugar cuando la otredad abandona, en cierto modo, la idea de lejanía.

Cuando me reconozco en el otro. Cuando reconozco al otro. Cuando me puedo poner en el lugar del otro.

Un lugar desde donde podamos vencer las resistencias a aceptar que todos estamos involucrados, para empezar a ver que ese que aparece es un igual, un nosotros. Es vencer los mecanismos para aislar toda carga de humanidad que han llevado a la individualidad, al sálvese quien pueda, a la fragmentación social. Y, lo que es peor, al enfrentamiento entre los fragmentos.

Ante tanta ceguera como conjunto social...

¿Estaremos ante un nuevo punto de inflexión del pensamiento?

¿Será que no queremos ver lo que nos duele?
¿Será que la amenaza de la proximidad de la in-visibilidad nos incomoda?
¿Será que no soportamos la alteridad geopolítica?
¿Será que las percepciones inconscientes son tan variadas que jamás puedan hallar un punto de encuentro?

Y pensando en aquella penitencia de hace tiempo, no puedo dejar de preguntarme…

¿Cuántas horas necesitaremos de sentarnos frente a frente para mirarnos, descubrirnos, encontrarnos, vernos y empezar a construir al unísono una comunidad que nos merezca y merezcamos?

el poder