Por María Marta Ochoa
Ganadora 2º premio V Concurso Anual
de Relatos Revista Crepúsculo
“Montecacción”, escribió. Puso la lapicera sobre la hoja que estaba al lado del balde de metal y bebió un sorbo de champagne, bien frío. Se secó los labios con la servilleta blanca, impecable. La apoyó sobre sus rodillas.
Había poca gente en el bar. El hombre, volvía a anotar la palabra inventada que leyó en su sueño, justo antes de despertar. En su casa, frente al espejo del baño engominó los únicos tres mechones que atravesaban su pelada que parecía la cabeza de un bebé sin rasurar. Ante el espejo del ropero se vistió: pantalón de traje y tiradores de alemán de cervecería, sobretodo largo, zapatos abotinados. Se le veían las medias. Cuando las campanas de la iglesia dieron las diez, cruzó la plaza en dirección al bar.
Ahora, escribía en imprenta mayúscula. Hacía anagramas. MONTECACCIÓN: COME CON CINTA. No sobraba ni le faltaba ninguna de las doce letras.
El mozo se acercó con un plato de ensalada rusa y palmitos. Lo puso sobre la mesa y observó la hoja escrita.
-Le digo dos palabras y no lo molesto más - dijo -. Canten cómico. Y ninguna letra le queda colgando ¿Qué tal?
- Sí, muy bien -dice el hombre. Que al mozo también le interesaran los anagramas lo hacía sentir cómodo, pero que se entrometiera, no era de su gusto.
-En la cocina hay una de crucigramas. Si quiere se la presto.
-No, gracias.
El hombre introdujo dos rodajas de palmitos dentro de su boca, mientras recordaba otra palabra inventada con la que había soñado. “Talpiste”. No la escribió, tenía muchas consonantes y pocas vocales, seguro que le iba a terminar sobrando alguna letra. El hombre saboreaba la ensalada rusa, las papas estaban blandas como a él le gustaban. Miró su reloj. Diez y treinta y cinco. Orientó su vista hacia la ventana. Junto a la pata de una de las mesas de la vereda, dos palomas peleaban por un trozo de pan. Mabel pasó apurada. Las palomas levantaron vuelo. El pan quedó en el piso. El hombre siguió el trayecto de la mujer con sus ojos. Mabel pasaba a esa hora todos los días y el hombre todos los martes la seguía con la mirada hasta que los límites de la ventana se lo autorizaban, hasta que la mujer
“Miedo a todo” de Facundo Muciaccia. Participante del Primer Concurso Internacional de Artes Plásticas Revista Crepúsculo.
