Réquiem por el Secreto

Por Sabrina Perotti

“El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo.”
Voltaire (1694-1778)
(Filósofo y escritor francés)


Lamento comunicarle lo siguiente, mi estimado/a lector/a. Quizá esta noticia lo tome desprevenido, sea una especie de baldazo de agua fría y necesite de la contención de sus familiares. O tal vez, Ud. lo sospechaba pero no quería decir nada por miedo a que lo tilden de apocalíptico. Paso a comentarle, señor/a, a mí no me corren con esos rótulos y si en algo siempre fui coherente es que soy totalmente transparente con usted. No voy a mentirle para que la noticia sea menos dolorosa.

Es así y hay que afrontarlo. Duelo y a otra cosa.

El secreto ha muerto

Experimentó una muerte silenciosa, sin sufrimiento y tuvo una larga y dichosa vida por milenios. Sin embargo, ya forma parte de las más profundas capas del pasado. Y mientras el cajón permanece delante de nuestras miradas, con su cuerpo aún tibio, oremos.

Hacía tiempo que había dejado de ocupar el lugar central de las reuniones y peluquerías, donde adoraba dispersarse en el “boca en boca” y revolcarse en la letra escrita de los escondidos diarios íntimos. Lo único que hoy poseemos es un leve recuerdo, un resabio de lo que alguna vez supo ser: impenetrable, aislado, oculto, invisible y por sobre todo, individual. ¿Dónde se ha visto a un secreto conocido por la masa?

Las leyes del secreto

El secreto solía tener una estructura basada en leyes que debía cumplir para permanecer con vida. Como ya conocemos el final de esta historia, está de más escribir que dichas leyes no llegaron a cumplirse en su totalidad (o más bien, se fueron quebrando con el paso del tiempo) y, por ende, sobrevino la tragedia.

Igualmente quisiera compartir con Ud., mi señor/a, las reglas por las cuales el secreto (cuando se encontraba aún entre los mortales) debía regirse:
Primero, como ya lo había adelantado más arriba, el secreto debía ser conocido por pocas personas. El secreto vox populi no existe, es una inconsistencia absoluta. El secreto es propiedad privada. Cuando la mayoría se apodera del mismo, deja de existir y muere.

Segundo, el secreto debe ser oculto, no debe estar expuesto. Debe permanecer en las penumbras, ser invisible a los ojos (y oídos) de quienes deben quedar exentos de él. Cuando sale a la luz y es descubierto, cae abatido.

Tercera y última ley, el secreto en sí, es finito. El secreto en su más mínima expresión tiene fecha de defunción. A la larga termina rompiendo con

algunas de las leyes arriba enunciadas, y ya sea por una o por la otra, que se desencadena el fin.
No obstante, lo que estamos presenciando actualmente no es la muerte de un secreto en particular sino la dinámica completa de lo secreto, la experiencia individual de esconder, ocultar algo, lo que sea. Hoy todo esto ha quedado sepultado. Adiós al velo y a todo lo secreto!

Amigos y seguidores

El cantautor brasileño Roberto Carlos quería tener “un millón de amigos y así más fuerte poder cantar”. Quizá en el momento en que escribió esa canción, pensó que era algo así como una metáfora. O algo imposible. Hoy a través de Facebook, los podría conseguir si se lo propusiera.

Para quienes no conozcan Facebook, o no hayan oído siquiera mencionarlo (cuestión que dudo) se los resumiré en breves palabras. Facebook, es una red social que permite conectar a personas de todos los países del mundo. Simplemente uno debe poseer una dirección de correo electrónico y “aceptar” o “invitar” a un supuesto “amigo” para agregarlo a su listado de contactos. Leí por ahí que Facebook tiene 8 usuarios nuevos por segundo, ¿increíble no?

Hoy vemos, oímos, hablamos, escribimos y leemos, todo. Y cuando digo todo es exactamente todo.

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