Los secretos del secreto

Por Ana Serrano


Los Secretos de la Abuela

Mi abuela era gallega. Llegó a Buenos Aires en una de las oleadas de inmigrantes de principios del siglo veinte y no volvió nunca más a la ría en el Cantábrico.

Dura y seca, enjuta, de lengua filosa y de una honestidad casi agresiva, no nos contaba muchos cuentos de la infancia en aquella tierra tan lejana. Pocas palabras, las suficientes para conocer de donde habíamos salido, quiénes éramos. Se sentía argentina. No tenía “morriña”, por lo menos desde que yo la conocí.

Le quedaba el acento, alguna palabra y una debilidad especial por cocinar pescado. Lo compraba en la feria franca del barrio, donde aprendí con y junto a ella a elegir los besugos, las corvinas, o el pulpo. La recuerdo siempre regateando, pidiendo rebaja, discutiendo el precio. Ya fuera de un pejerrey o de un corte de tela o de un par de zapatos para mí. Mercar, ir al mercado requería cierta habilidad, cierta técnica. Calidad del producto y rebaja del precio. Y siempre lo conseguía.

Y después a cocinar. Y ahí en la cocina, en el corazón de la casa y de la familia estaban los secretos de la abuela. No escondía las formulas o las recetas, la manera de freír o de cocer Más bien todo lo contrario, era –en verdad- muy generosa.

Pero…
…Nunca pero nunca logré hacer igual los buñuelitos de acelga como los hacia ella. Deliciosos. Y no lo logré yo, ni mi mamá, que por supuesto compartió la vida con ella muchos más años.

Lo intentábamos juntas muchas veces. Usábamos los mismos ingredientes, los amasábamos igual, los freíamos igual, la imitábamos hasta en los más mínimos detalles y nunca lo conseguimos.

Desalentadas mirábamos nuestros buñuelos y mascullábamos por abajo pensando cual sería el secreto que por supuesto nunca fue develado y se lo llevo con ella, vaya uno a saber con cuantos otros.

Sí, la receta de los buñuelitos de acelga es un autentico secreto…

Los Secretos del Don Juan

Los secretos ejercen sobre nosotros una atracción irresistible.

En mi familia había un tío que tenía muchas novias. Lo recuerdo con su impecable traje azul y

su chambergo reclinado. Muy buen mozo.

“Es un Don Juan” murmuraban en la cocina, con un tono de sanción, las mujeres mayores del clan familiar. Mientras los hombres en el comedor se reían a carcajadas, con algún relato de las hazañas eróticas que contaba este varón hasta con el más mínimo detalle.

“Para conquistar a una mujer intrigala, ninguna mujer resiste un secreto”, esa era su máxima.
Y parece que esta estrategia funcionó porque no hubo amiga de mis tías, vecina, conocida, compañera de trabajo o pariente lejana que no engrosara la lista de sus conquistas. Nunca supe que lograra seducir a “una novicia a punto de profesar” -como al personaje de Zorrilla- pero como por entonces vivíamos enfrente de un colegio de monjas tal vez lo haya conseguido. Pero si esa historia existió fue secreta.

“Entre nosotros” de Maria Liliana Grosso, participante del Segundo Concurso Internacional de Artes Plásticas Revista Crepúsculo.